martes, 2 de septiembre de 2014

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El testimonio de los laicos y la caridad

Con motivo de la beatificación de 124 mártires coreanos Francisco describió la victoria de los mártires como “victoria del Amor” (Homilía en Seúl, Puerta de Gwanghwamun, 16-VIII-2014). La fe que vive por el amor es lo que debe alimentar el testimonio de los fieles laicos, llamados a ser sal de la tierra y luz del mundo.


Victoria de la fe, victoria del amor

      Los mártires "Vivie­ron y murieron por Cristo, y ahora reinan con él en la alegría y en la gloria. Con san Pablo, nos dicen que, en la muerte y resurrección de su Hijo, Dios nos ha con­cedido la victoria más grande de todas” (cf. Rm 8, 38-39). Es decir, “su ejemplo del poder del amor de Dios”.

     Y esta historia –señala el Papa– nos habla de la importancia, la dignidad y la belleza de la vocación de los laicos”, mientras saluda a los numerosos fieles laicos presentes, “y en particular a las familias cristianas, que día a día, con su ejemplo, educan a los jóvenes en la fe y en el amor reconciliador de Cristo".

       Francisco comenta que, en el evangelio del día, Jesús pide al Padre “que nos consagre y proteja, pero no que nos aparte del mundo. Sabemos que envía a sus discípulos a ser fermento de santidad y verdad en el mundo: sal de la tierra, luz del mundo” (cf. Jn 17, 15-25).

     Tomando pie de la entrega de los mártires, observa: "En nuestros días, muchas veces vemos cómo el mundo cuestiona nuestra fe, y de muchas maneras se nos pide entrar en componendas con la fe, diluir las exigencias radicales del Evangelio y acomodarnos al espíritu de nuestro tiempo. Sin embargo, los mártires nos invitan a poner a Cristo por encima de todo y a ver todo lo demás en relación con él y con su Reino eterno. Nos llevan a preguntarnos si hay algo por lo que estaríamos dispuestos a morir”. Notemos que esta pregunta es verdaderamente crucial, pues, como decía Gustave Thibon, solo podemos vivir de aquello por lo que estamos dispuestos a morir, porque eso es precisamente lo que nos hace seguir viviendo incluso después de la muerte.


El testimonio de la caridad

     "Además –prosigue Francisco–, el ejemplo de los mártires nos enseña también la importancia de la cari­dad en la vida de fe. La autenticidad de su testimonio de Cristo, expresada en la aceptación de la igual dignidad de todos los bautizados, fue lo que les llevó a una forma de vida fraterna que cuestionaba las rígidas estructuras sociales de su época”. Insiste: “Fue su negativa a separar el doble mandamiento del amor a Dios y amor al prójimo lo que les llevó a una solicitud tan fuerte por las necesidades de los hermanos”. Por eso “su ejemplo tiene mucho que decirnos a nosotros, que vivimos en sociedades en las que, junto a inmensas riquezas, avanza silenciosamente la más denigrante pobreza; donde rara vez se escucha el grito de los pobres; y donde Cristo nos sigue llamando, pidiéndonos que le amemos y sirvamos, tendiendo la mano a nuestros hermanos necesitados”. Y así podremos contribuir a la paz y a la defensa de los valores auténticamente humanos. 


Formación para la misión propia de los laicos

     En otro discurso el mismo día, Francisco habló de la formación para la misión propia de los fieles laicos. Y volvió sobre el doble ejemplo –de fortaleza y de caridad– de los mártires coreanos beatificados: “Ellos dieron testimonio de la fe no solo mediante sus sufrimientos y muerte, sino también con su vida de amorosa solidaridad hacia los demás en las comunidades cristianas, caracterizadas por su ejemplar caridad” (Discurso a los líderes del apostolado laical, Centro de espiritualidad Kkottongnae, 16-VIII-2014).

    Pues bien, añade el Papa: “Esta preciosa herencia se prolonga en vuestras obras de fe, de caridad y de servicio. Hoy, como siempre, la Iglesia necesita un testimonio creíble de los laicos a la verdad salvífica del Evangelio, a su poder de purificar y trasformar el corazón humano, y a su fecundidad para edificar la familia humana en unidad, justicia y paz”. En esto consiste la misión de los laicos dentro de la misión de la Iglesia.


La atención a los pobres y necesitados

     También en esta ocasión ha querido Francisco insistir, particularmente a los fieles laicos, en la atención a los pobres y necesitados, como lo hace en su exhortación sobre “la alegría del Evangelio” (cf. Evangelii gaudium, n. 201).

     “Como demuestra el ejemplo de los primeros cristianos coreanos, la fecundidad de la fe se expresa en solidaridad concreta respecto a nuestros hermanos y hermanas, sin distinción de cultura ni estado social, porque en Cristo ‘no hay griego o judío’ (Ga 3,28). Estoy profundamente agradecido a cuantos de vosotros, con el trabajo y con el ejemplo, llevan la consoladora presencia del Señor a la gente que vive en las periferias de nuestra sociedad".

     Ha precisado que esta atención a los pobres y necesitados no se agota en la asistencia caritativa, sino que debe aspirar también al desarrollo de la persona, a la promoción humana. Por tanto, no se trata solamente de darles de comer, sino de “que cada hombre y cada mujer puedan conocer la alegría que deriva de la dignidad de ganar el pan de cada día, sosteniendo así a sus familias”. Y hoy esta dignidad, en este momento, está amenazada por la cultura del dinero, que deja sin trabajo a tantas personas.


Papel de las familias cristianas

     Después de subrayar la valiosa contribución de las mujeres católicas coreanas a la misión de la Iglesia, como madres de familia, catequistas y maestras y de otros muchos modos, ha querido Francisco acentuar el valor de las familias cristianas, para la Iglesia y la sociedad: “La familia sigue siendo la unidad básica de la sociedad y la primera escuela en la que los niños aprenden los valores humanos, espirituales y morales que les hacen capaces de ser faros de bondad, de integridad y de justicia en nuestras comunidades".

    Todo ello, concluye, debe llevar a “una formación más completa de los fieles laicos, mediante una catequesis permanente y la dirección espiritual”, en unión con los Pastores de las comunidades cristianas, haciendo rendir los talentos y carismas para la misión de la Iglesia en el mundo y en la sociedad.

     De esta manera, el viaje de Francisco a Corea ha sido una ocasión para redescubrir que los laicos –la mayoría de los bautizados– están llamados al testimonio de fe y vida de caridad. Para ello necesitan una continuada formación cristiana en todas las edades. Los fieles laicos pueden fecundar de modo inmediato y cercano el apostolado cristiano, pues ellos lo realizan en y por su vida ordinaria, vivida codo a codo con sus conciudadanos en el contexto de sus trabajos, de su vida familiar, de las relaciones sociales y culturales, allí donde todos se encuentran.

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